Apuesta maestra: ¿Un desafortunado juego de póker?
- Wilmer Ogaz
- 1 feb 2018
- 2 Min. de lectura

La historia de la Princesa del Póker no es como cualquier otra. Retrata a una mujer de estricta moral que nunca se traiciona.

Basada en la historia real de la esquiadora Molly Bloom, Apuesta maestra representa el debut como director de Aaron Sorkin, guionista de La red social (2011) y Steve Jobs (2015).

Una atleta olímpica de esquí que es entrenada desde pequeña por su estricto padre —interpretado por Kevin Costner— para ganar, sufre un revés del destino que la lesiona en una competencia, obligándola a retirarse para siempre de la nieve. Devastada y en pleno autodescubrimiento, Molly —una exuberante Jessica Chastain— decide alejarse por un tiempo del ambiente familiar, y se muda a Los Ángeles para iniciar la carrera de leyes, pero por azares del destino, lo naipes se cruzan en su camino para comenzar una millonaria aventura organizando juegos de póker clandestinos y glamorosos, que incluyen jugadores de Hollywood de la talla de Ben Affleck, Leonardo DiCaprio y Tobey Maguire, figuras del deporte como el beisbolista Alex Rodríguez, y hasta la temida Mafia Rusa.

Cualquiera se imaginaría que, en un mundo de millonarias apuestas, lujo, poder, drogas y alcohol, el sexo sería el ingrediente principal para atrapar a la audiencia; pero no es así. El hipnótico relato creado por Sorkin se mantiene fiel a su estilo. La historia se cuenta a través de una atípica mujer en tiempos del empoderamiento femenino, que se complementa con un magnífico Idris Elba, el abogado que la representa en los tribunales cuando, después de una redada, el FBI confisca todos sus bienes en Nueva York.

Con tintes de thriller y como si se tratara de una espía que es estrenada para matar, Molly lo hace para triunfar. Así trasladó sus habilidades competitivas a los negocios que la llevaron a ganarse el mote de Princesa del Póker, amasando una fortuna que se contaba en millones de dólares.
Los ágiles diálogos entre Chastain y Elba, lo mismo que con Costner, muestran a una mujer —que aunque consumía drogas para soportar la racha de juegos que se alargaban hasta altas horas de la madrugada— que jamás sucumbió ante el desfile de propuestas indecorosas que le ofrecían, pues su brújula moral siempre le indicaba hasta dónde debía llegar. La integridad de Molly —muy rara en el cine, pero común en los personajes de Sorkin— se refleja cuando se niega rotundamente a dar los nombres de los jugadores por temor a causar un mal mayor, ganando su propia absolución.

Apuesta maestra —cuyo título en inglés es Molly's Game— es un inteligente montaje con las piezas perfectas que te atrapa desde el principio. No es común ver a un personaje construyendo sus propios valores y reglas sin importarle si son opuestas a lo que la sociedad impone. Es una de esas películas hechas para el lucimiento total de la actriz, una mujer de estricta moral que nunca se traiciona, y por la que pagaríamos cualquier suma por verla un poco más.