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La 4ª Compañía: Perros y ratas.

  • Foto del escritor: Wilmer Ogaz
    Wilmer Ogaz
  • 13 abr 2018
  • 3 Min. de lectura


Una vieja historia de corrupción contada por Los Perros, el equipo de fútbol americano del penal de Santa Martha Acatitla, que destapó la cloaca del sistema carcelario en México en el sexenio de José López Portillo.


Que ironía retratar la vieja amalgama de poder y corrupción en este preciso momento que resulta tremendamente actual. El vergonzoso y descarado pasaje en la historia de nuestro país, tiene lugar al interior del penal de Santa Martha Acatitla, donde un grupo de reos denominados La 4ª Compañía, tomó el control del reclusorio para servir a su entonces director Juan Alberto Antolín y a El Negro Durazo, jefe de la entonces Dirección General de Policía y Tránsito de la Ciudad de México, en aras del PRI y la figura de José López Portillo en la silla presidencial en la década de 1970.


Tomando esa amalgama como premisa, la dupla conformada por Mitzi Vanessa Arreola y Amir Galván, después de varios años de investigación y entrevistas con algunos de los involucrados en el drama carcelario, presentan su ópera prima: La 4ª Compañía; ganadora del premio del tercer Encuentro Iberoamericano de Coproducción Cinematográfica realizado en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, y también en la pasada entrega 59 del Ariel que se hizo de 10 premios, entre ellos: Mejor Película, Mejor Actor y Mejor Edición.

Con el permiso de la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, Arreola y Galván volvieron a la celdas —y es que en el 2008 fueron parte del equipo del documental Presunto Culpable, realizado en el Reclusorio Oriente y en los Tribunales de Justicia de la capital del país— para filmar en el lugar donde sucedieron los hechos con la colaboración de otros reos para darle mayor realismo a la cinta.


El relato comienza con Zambrano, apodado el Easy Rider —un prometedor Adrián Ladrón— un asiduo delincuente cuando es trasladado a Santa Martha, siendo su único objetivo integrarse a las filas de Los Perros, el famoso equipo de fútbol americano fundado en los años 60 en el Palacio Negro de Lecumberri, y que sigue activo hasta el día de hoy. Sin embargo la resistencia y destreza mostrada en el campo de juego no eran motivo suficiente para pertenecer al respetado equipo; a pesar de ser los más fuertes y astutos, las habilidades que requería el equipo técnico eran para delinquir. El uniforme era tan solo la fachada, pues durante la noches con el favor de los guardias de seguridad, salían nuevamente a la calles a robar autos de lujos, mismos que ingresaban en caravana por la puerta grande del penal. De igual forma robaban dinero en los bancos y cientos de centenarios, por órdenes de Arturo El Negro Durazo. Es así como La 4ª Compañía, además de ganar infinidad de partidos, se desenvolvió durante el sexenio lopezportillista controlando los servicios de venta de droga, alcohol y varios privilegios en la prisión, reportando millonarias sumas a los altos jerarcas en el poder.


La propuesta de los jóvenes cineastas atrapa al espectador de principio a fin, tal vez por lo evidente de las corruptelas, logrando una exquisita mancuerna entre realidad y ficción. A través de una espectacular fotografía de Miguel López, captando la belleza en lo retorcido de las acciones del ser humano cuando el sistema aprisiona su voluntad y condiciona su deseo. El acertado diseño de vestuario complementa el filme sin caer en los clichés —salvo por el traje blanco al estilo Travolta en Fiebre de sábado por la noche que usan Zambrano y Combate para cometer un atraco— en una época de pantalones acampanados, música disco, libertad sexual, amor y paz.


Pero lo verdaderamente destacable del filme de Arreola y Galván es el ensamble actoral encabezado por Manuel Ojeda, Hernán Mendoza y Darío T. Pie, asiduas figuras del cine nacional, con rostros nuevos como Carlos Valencia, Juan Carlos Flores y Andoni Gracia, por mencionar algunos. No hay mucho que decir sobre un tema tan evidente, que a pesar de ser añejo, resulta tan actual. El podrido sistema carcelario en México —y bien aplica a cualquiera de sus instituciones— que desde entonces avanza infectando todo a su paso. La 4ª Compañía es una enorme denuncia, un touchdown que sus creadores supieron destapar en tiempo electoral.


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