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Upgrade: Máquina asesina, mezcla inteligente de venganza y suspenso.

  • Foto del escritor: Wilmer Ogaz
    Wilmer Ogaz
  • 11 sept 2018
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 22 jun 2020



Llegará el día en que la inteligencia artificial rebase a sus creadores y se convierta en una nueva forma de vida que ponga en peligro el futuro de la humanidad. Así lo advirtió en vida el científico británico Stephen Hawking, y coincidiendo con el gurú de la tecnología Elon Musk aseguró que, hasta que la gente no vea a los robots matar a las personas en la calle, no entenderán los peligros de la inteligencia artificial.


Esa ambición del ser humano por convertirse en dios intentando crear a alguien similar a él, lejos de progresar podría desencadenar un apocalipsis tecnológico. Rescatando esa premisa, el australiano Leigh Whannell —famoso por interpretar y escribir la saga de terror Saw, y también el guion de Insidious— construye Upgrade: Máquina asesina, un thriller de acción con influencias de filmes ochenteros como Terminator y RoboCop, bastante marcadas, pero situadas en un futuro cercano.


En una sociedad distópica donde la tecnología se ha hecho omnipresente para todo y todos, menos para Grey Trace —formidable Logan Marshall-Green— un mecánico que la desaprueba totalmente, y se rehúsa a convivir con ella, se contraponen a los intereses de su guapa esposa Asha —interpretada por Melanie Vallejo— que labora para una enorme firma de tecnología. Víctima de un truculento plan donde su esposa es asesinada, y a él lo dejan parapléjico, su única esperanza será aceptar la oferta de Eron —Harrison Gilbertson— un viejo cliente que le ofrecerá implantar un chip llamado STEM en su columna vertebral, que le devolverá la movilidad, la vida y la posibilidad de una venganza como humano supermejorado.


Aunque todos los elementos de la trama cyberpunk se muestren predecibles, y los sangrientos enfrentamientos entre hackers por conseguir el último invento de una megacorporación pareciera que ya lo hemos visto antes en el cine, el mérito de Whannell se sostiene del sutil juego de la cámara, cuando STEM demuestra tener el control sobre el cuerpo de Grey, deteniéndose por segundos y tratando de emular los movimientos robóticos de su huésped, con una alucinante banda sonora.


Otra pieza sobresaliente en Upgrade: Máquina asesina es la actuación de Marshall-Green —no, no es Tom Hardy— sus gestos van del asombro al horror, y del enojo a la frustración, debatiéndose entre lo moralmente correcto y lo que su nueva conciencia le obliga a hacer con sus nuevas habilidades.


La experiencia deconstructiva de la sociedad que plantea Whannell parece desprovista de memoria. Adictos a la realidad virtual, coches autónomos, asesinos a sueldo con armas incrustadas en la piel y drones al servicio policiaco; la humanidad corre el riesgo de arruinarse a sí misma en su ambición de lograrlo todo.


Resulta irónico decir que la conciencia —en voz de STEM— es egoísta, el deseo de estar en un lugar mejor se enciende cuando el alma es valiente, pero sobre todo libre. Esa independencia adquiere limites insospechados en la mente, pues un mundo falso es menos doloroso que uno real.


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