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Antes del Joker, Joaquin Phoenix se mete en la piel de un tetrapléjico.

  • Foto del escritor: Wilmer Ogaz
    Wilmer Ogaz
  • 10 oct 2018
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 22 jun 2020



Existe una creencia popular que advierte que todos nacemos marcados por tres destinos: el propio, el de vidas pasadas y el de las circunstancias en las que llegamos a este mundo. Para el protagonista de No te preocupes, no irá lejos, esta última lo marcaría eternamente.


El biopic del gran director de cine independiente americano Gus Van Sant, cuenta como a los 21 años, su compatriota John Callahan —interpretado magistralmente por Joaquin Phoenix— le encontró un nuevo significado a la vida, justo después de que su adicción al alcohol le provocara un terrible accidente automovilístico que lo dejó tetrapléjico, descubriendo un talento innato para dibujar y canalizar a través de sus líneas la capacidad curativa del arte.


Estrenada en el Festival de Sundance, la historia de Don’t Worry, He Won’t Get Far On Foot —cuyo título en inglés se mofa cariñosamente de su estado— comenzó a escribirse en 1998 cuando Robin Williams le platicó al director su deseo de interpretar la peculiar historia del caricaturista. Después de varias entrevistas con él, y sin poder aterrizar el guion, el destino decidió llevarse a Callahan en 2010, y cuatro años más tarde a Williams. Después de una pausa, Amazon Studios retomó el proyecto.


«John no podía dejar de dibujar caricaturas.

Se convirtió en la razón principal de su vida,

y él no comprendía por qué no todo el mundo era dibujante.

Para él, todo eran dibujos, todo el tiempo»

Gus Van Sant.


Animando sus tiras más ácidas, crudas y políticamente incorrectas, el drama de corte cómico recorre sutilmente el cuerpo como alcohol entre las venas. Inducidos en ese vaivén de emociones fuertes, severos reclamos, insultos lanzados al aire y una que otra carcajada al advertir una nueva oportunidad, todavía incomprensible, todo, simula un revés del destino, que pronto será asimilado como un reinicio.


Al extraordinario hombre de la cicatriz, se le unen Rooney Mara —con quien ya había compartido créditos en Ella y María Magdalena— que interpreta a una linda terapeuta con la que comparte algo más que los cuidados durante las duchas. Un irreconocible y fascinante Jonah Hill, dando vida a Donny, un semidiós de cabellos de oro que lo abraza en su proceso de desintoxicación con enseñanzas dignas de un hermano mayor, aunque solamente es su padrino de Alcohólicos Anónimos, y con el carismático Jack Black en una breve participación, complementan el cuadro.


Queda más que claro la ambivalencia que provocaba el trabajo de Callahan en los lectores del diario Willamette Week y hasta en los de la revista Playboy; aprovechando ese hueco en las emociones Van Sant acierta con la dosis exacta de fe, para desmenuzar durante la segunda mitad del filme, las circunstancias de las que se valió el destino para regalarle otra oportunidad de vivir, esas que se encontraban enterradas en miles de excusas. Una de tantas era el alcoholismo, fruto de la falta de amor de su madre que lo abandonó y tanto se reprochaba, que terminó convirtiéndolo en un adicto detestable.


Basada en las propias memorias de Callahan, el drama en No te preocupes, no irá lejos depende en gran medida del cúmulo de excusas enfermizas, más que de la silla de ruedas motorizada que transporta a su protagonista a toda velocidad por las calles del vecindario. Una historia donde la redención llega cuando se hacen las pases con uno mismo.


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