Bird Box: Cuando la soledad es incidental.
- Wilmer Ogaz
- 10 ene 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 22 jun 2020

Cualquier obra literaria que ve la luz se encuentra expuesta a dos grandes resortes sociales: el escrutinio y la interpretación, siendo el segundo el más severo, ya que se alimenta de las fantasías más inusuales, excéntricas e improbables de la mente de su creador. Por eso no es sorpresa que Bird Box, la reciente película de Netflix basada en la novela homónima escrita por Josh Malerman en el 2014, esté en boca de todo el mundo. El thriller dirigido por Susanne Bier, se convirtió además en el producto original más visto de la plataforma, así lo anunció en su cuenta de twitter con un gif de Sandra Bullock que decía: Me quité la venda esta mañana para descubrir que 45,037,125 cuentas de Netflix ya habían visto Bird Box, ¡Los mejores primeros 7 días para una película de Netflix!
La película cuenta la historia de Malorie —la veterana Sandra Bullock— una madre soltera que protegerá a toda costa a sus hijos de algo espantoso que hace que la gente enloquezca y se suicide, aunque nadie sepa qué es, ni de dónde proviene. Con un guiño al libro Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, y un sutil flirteo a la película Un lugar en silencio, dirigida y protagonizada por John Krasinski en 2018, todas coinciden en la figura femenina que toma el control y sirve de heroína en la trama. Pero ¿por qué ha causado tanto revuelo? la respuesta es muy sencilla: la infinidad de juicios a su alrededor y sus mensajes ocultos.
Vayamos por partes.

Las vendas.
Existe un refrán popular que reza que no hay peor ciego que quien no quiere ver, y en un mundo donde se juzga por el color de la piel, lo que se tiene o incluso lo que no se posee, es imperante mirar con otros ojos apostando por la intuición, esa voz callada de la inconciencia que nos dice que hacer en los momentos más duros de nuestra existencia, tal como le sucede a Malorie en la historia. Ahora piensa por un momento si el mundo fuera ciego ¿a cuántas personas impresionarías? Y si le sumas que el mundo se encuentra trastornado, ¿en quién confiarías?

El monstruo, ¿o los monstruos?
Aquí las teorías sobrepasan la lógica, y van desde demonios, extraterrestres, armas biológicas, y hasta una analogía —que parece ser la más cercana— con las redes sociales. Sea cual fuere la correcta, pareciera que nuestros peores miedos se materializan al alzar los ojos y contemplar la verdad de aquello que tenemos enfrente. Lo extraño es que las embarazadas y los enfermos mentales no sucumben al ataque, como el embustero de Gary —interpretado por Tom Hollander— que irrumpe en la tranquilidad del refugio para obligar a los sobrevivientes a mirar la brillantez de aquella verdad. ¿Qué será eso que nos quieren hacer pasar como hermosa verdad? Y por qué la revelación de lo que parecen ser algunos aspectos oscuros de nuestra psique conllevan al suicidio inmediato, será que hemos caído en su juego.

Las aves y su trinar.
Escondidas entre la maleza las pequeñas criaturas lanzan un cántico de advertencia, que en ocasiones suena a señal de benevolencia, pero al final la parvada al unísono parece indicar el camino hacia la zona más segura. Ya lo decía Salvador Díaz Mirón: El ave canta aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas.

El imaginario colectivo.
La histeria expuesta en la película sobrepasa la pantalla, pues también se apoderó de sus espectadores. Cada uno cree poseer la verdad absoluta para explicar las teorías que envuelven a su protagonista y cómo es que resolvió tales proezas. El ambiente apocalíptico logrado en el último triunfo de Netflix es igualmente plausible para un fiel seguidor de Stephen King, como para un devorador de productos comerciales con cierta dosis de entretenimiento. Sin embargo, Bird Box es mucho más que golpe de suerte.
La imposibilidad de socializar en un mundo real, unos con otros, cada vez se torna más duro, así que la idea del paraíso convertido en infierno responde a la premisa de una locura creada por nosotros mismos. Somos consecuencia de lo que sucede a nuestro alrededor, y aunque en el modo romántico mientras el mundo se caiga a pedazos, siempre hay que buscar la manera de rodearnos de otras personas con los mismos ideales, metas, sueños y visión, aunque irónicamente algunos no podrán mirarnos, si van a sentir la misma vibración.