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Cómprame un revólver: La cruda realidad de un México secuestrado por el narco.

  • Foto del escritor: Wilmer Ogaz
    Wilmer Ogaz
  • 14 may 2019
  • 2 Min. de lectura

México.

Sin fecha precisa.

Todo, absolutamente todo, es controlado por el narcotráfico.

La población ha disminuido por falta de mujeres.


Un duro prefacio prepara al espectador para lo que está a punto de presenciar, un relato del que no sabemos si es una confirmación de los tiempos que estamos viviendo, o simplemente se trata de una fábula de ficción con grandes dosis de realidad.


Estrenada en la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes 2018, «Cómprame un revólver» del mexicano-guatemalteco Julio Hernández Cordón («Te prometo anarquía», «Las marimbas del infierno», «Atrás hay relámpagos» entre otros filmes) por fin se exhibe en las salas de todo el país, después de un exitoso paseo por los mejores festivales del mundo.



Bajo la mirada furtiva de una pequeña niña llamada Huck —una enternecedora Matilde Hernández, hija del director— funge como narradora y soporte para su padre, —interpretado por Rogelio Sosa— un adicto que a veces la hace de trompetista y se encarga de un estadio de béisbol en donde el cártel que resguarda la zona eventualmente utiliza para jugar. En compañía de un extinto grupo de niños conformado por Rafa, Ángel y Tom, emprenderán una aventura en el desierto para recuperar el brazo, que el líder de la banda le cortó a uno de ellos en una afrenta tiempo atrás.


Todos los ingredientes de este violento cóctel están dispuestos sobre un México atemporal, manchado de impunidad y lacerado por el machismo de sus balas, donde la violencia de género exterminó a todas sus mujeres. Huck, para protegerse, tiene que esconder su sexo bajo una máscara, y por si fuera poco, sobrevivir atada a una cadena, bajo las estrictas órdenes de su padre, para que no la roben también.



Sin adentrarse en la guerra y los juegos de poder de «El señor de las moscas» y acercándose un poco al personaje de Moonee en «The Florida Project» el cuento de Cordón configura el sufrimiento en algo fantástico, al medio día las balas brillan por tanto sol, y es que la suerte se vive todos los días, de hecho, puede heredarse de padre a hija.



El escenario apocalíptico, real o ficticio, confirma que el negocio sucio trafica con mucho más que droga, destruye sueños y secuestra el derecho a la libertad. En el universo de «Cómprame un revólver» la esperanza se torna de oropel y la suerte se evapora lentamente a través de un sonido casi imperceptible color magenta. En tiempos de lucha, estamos ante el nacimiento de un nuevo cine mexicano, enérgico, crudo, rudo; y aunque los incrédulos desvíen la mirada, la sensación de amor y sufrimiento será inevitable, pues brotará en forma de sudor, ese que se pega al cuerpo e incomoda.






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