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Rocketman: Una fantasía musical.

  • Foto del escritor: Wilmer Ogaz
    Wilmer Ogaz
  • 5 jun 2019
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 12 jun 2019



Antes de que el cohete británico vuele por el espacio, y su legado musical se haga oficialmente eterno, llega a las salas de todo el país «Rocketman» su biopic autorizada.


Dirigida por Dexter Fletcher, —el mismo que concluyó la historia de Freddie Mercury en «Bohemian Rhapsody» y sustituyó a Bryan Singer al ser despedido— cuenta las andanzas de un tímido niño prodigio del piano Reggie Dwight, hasta convertirse en el astro de la música internacional Elton John.



Estrenada fuera de la competencia en la edición 72 del Festival de Cine de Cannes por su protagonista Taron Egerton, el compositor Bernie Taupin, su director y el mismísimo Elton John, el filme fue ovacionado por varios minutos tras su proyección, y en un momento que pasará a la historia, Elton y Taron lloraron abrazados. Un recibimiento excelso, dadas las obligadas comparativas con la historia del intérprete de We are the champions; además su director fue nominado a la Queer Palm, otro augurio para que la visibilidad de estas historias tan llenas de color sea recibida con total claridad y honestidad por todos sus espectadores.


Pueden contarse muchas cosas acerca de Sir Elton John, nombrado caballero por la reina Isabel en 1998, la entrañable amistad con Diana de Gales, y hasta por ser consejero del rapero Eminem; pero ninguna anécdota sobrepasaría la línea de la emotividad si se contara de manera ordinaria, su vida y estilo extravagante, incluidos el sexo y las drogas, merecían una puesta musical llena de fantasía con especial atención en los detalles. Y así fue.



Un diablo de color naranja ataviado de cristales y plataformas huye de una presentación para refugiarse en un centro de rehabilitación y confiesa temeroso: Soy adicto al alcohol, a la cocaína, a las pastillas. En verdad a todas las drogas. Al sexo. También soy bulímico y shopaholic.


Así comienza este increíble viaje de 121 minutos desmenuzando los traumas de una familia disfuncional que funcionaba gracias a su abuela. Tímido y muchas veces deprimido, sofocaba su ansiedad con vodka para desayunar. Una travesía al compás del piano con pegajosas melodías: The bitch is back, Border song, Honky cat, I’m still standing, entre muchos otros temas, pero uno en especial se siente el alma del proyecto, aquella que le compone a su compañero de letras y fiel amigo Bernie —interpretado por un emotivo Jamie Bell— titulada: Your song.


Muchos nombres se barajearon para interpretar al pianista británico: Tom Cruise, Justin Timberlake, James McAvoy y hasta Tom Hardy, pero ninguno lo convencía del todo. Finalmente se quedó Egerton, quien curiosamente ya se había topado con él en «Kingsman: The golden circle» de hecho, ya había interpretado una de sus canciones cuando prestó su voz a Johnny, el orangután de la película «Sing» de 1996. Otra peculiaridad es que Jamie Bell, el eterno Billy Elliot, fue que casi todas las canciones del musical que recorrió teatros alrededor del mundo fueron compuestas por Elton John.


En retrospectiva con «Bohemian Rhapsody» no existe mejor ni peor, porque simplemente son distintas. La química entre Egerton y Bell los vuelve encantadores.


Sobredosis de metáforas para encantar hasta el más escéptico, así es «Rocketman» un musical con brillantes actuaciones, vestuarios rimbombantes, grandes escenarios, y tras los cientos de gafas la mirada a un corazón vacío. Lo entrañable del filme de Fletcher reside en la afanosa búsqueda de aceptación, felicidad y realización personal de su talentoso personaje revitalizado por un maravilloso actor. Una fábula digna de una superestrella.



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